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domingo 10 de junio de 2007

CRUZ DE MAYO - 2007

Finalmente pudimos disfrutar en la calle de la XIV procesión de nuestra Cruz de Mayo. Como es sabido, el camino para recuperar dicha tradición no fue fácil; no obstante y como las dificultades están para superarlas, el esfuerzo de todas y todos los que arrimaron el hombro dieron el fruto que perseguíamos, y que no era otro que volver a ilusionar a los más jóvenes de nuestra hermandad, “futura cantera cofrade”.

Así, pasadas las siete de la tarde, las ganas e ilusión contenida hasta el momento, se pusieron en la calle sobre los pasos de un cortejo, plagado de pequeños.
Por su parte una cuadrilla de jóvenes costaleros, capataces y auxiliares, que decidieron comprometerse desde el primer momento, se hacían su foto de rigor delante del pasito, como queriendo rememorar aquella estampa del 97.

El tiempo corría deprisa y muchos aún no nos creíamos que a los sones clásicos de la Agrupación juvenil de las Angustias, nuestra Cruz de Mayo estuviera revirando para enfilar un callejón con notable presencia de familiares, conocidos, amigos y curiosos.

Cada cual ejerciendo su función encomendada, a semejanza de cualquier cofradía en la calle, discurrió a buen paso y sin
descomponerse en ningún momento.


En esta pequeña procesión no faltaba detalle, los había que hacían las veces de “diputados”, encargados del cumplimiento de horarios y el orden; también se veían “paveras” cuidando de los despistes y travesuras de los más pequeños; las huchas y claveles rondaban por las inmediaciones del itinerario; otros ejercían de priostes, auxiliares y un largo etcétera.

Por otra parte serían lugares destacados, el paso por San Román, Cristo de Burgos, Santa Catalina, los Terceros… Y es que no fueron pocos los que apreciaron la hermosa estampa que componía el remozado pasito iluminado, enmarcado por la sevillanísima arquitectura de fachadas y balconadas de alhóndiga o sol, a la caída de la tarde y bien entrada la noche.

En el argot de la faja y el costal “sobre los pies” y “siempre de frente”, nos encontramos calle sol abajo, con el socorrido bar de los trinitarios, para así cruzar la avenida y disfrutar con los hermanos y hermanas que se daban cita a esas horas en nuestra velá.

Cuando el cansancio empezaba a aparecer en las caras de pequeños y no tan pequeños, sonaba la marcha real y muchos nos vimos con el deseo y la ilusión cumplida. Posteriormente se hizo entrega de un pequeño reconocimiento a aquellos hermanos/as, que desinteresadamente habían colaborado para con la juventud y en definitiva con su hermandad; no obstante, a muchos nos quedó el sin sabor de no haber podido contar con mayor presencia de juventud, sobre todo de aquellos que en su día pusieron su empeño en los comienzos de esta pequeña tradición y vivieron multitud de experiencias con ello. Sin duda este será el reto del próximo curso, máxime cuando estemos conmemorando, si Dios quiere, nuestro 500 aniversario fundacional. Para ello no faltarán las ganas de superarnos en todos aquellos actos que nos correspondan.


Juventud de la Trinidad